¡Ajo, ajito bien baratito!

Por María Florencia Barrera y Diego Von Sprecher
13 de mayo de 2003
Redacción Periodística II 

Martes 13 de mayo. Dia frío y nublado. Hace algunos minutos dejó de llover. Las calles permanecen mojadas y las veredas se tiñen de un gris que nos contagia su humedad. Caminando sin un destino cierto, esquivando charcos, nos topamos con la mirada desolada de un niño. Levantamos la vista para descubrir el escenario que encierra a este pequeño.

Al norte las vías que dividen la ciudad, al sur un imponente edificio construido con una combinación de vidrio, cemento y hierro.
Pedro es el dueño de los ojos desolados que nos miraron. Tiene once años y está como siempre sentado sobre un banquito improvisado con cuatro ladrillos. Sus manos con callos se ven arrugadas por el frío. Viste un pulóver viejo de lana marrón y un pantalón de jean que deja al descubierto los tobillos flacos. Tiene la nariz colorada y de ella cuelgan un par de mocos. Aquí, a espaldas del hipermercado Norte trabaja. O como él dice “changuea”.
_ ¿Qué le ofreces a la gente que pasa por acá?
_Ajo blanco de la zona bien baratito.
_¿De dónde lo sacas?
_Mi mamá trabaja en una chacra y le dan algunas ristras de ajo como pago.

De repente un ruido interrumpe la charla. Un camión pasa muy cerca del cordón cuneta y arroja un poco del agua que se estancaba en la esquina sobre la caja con ajos de Pedro. “La puta madre!!!” grita. Arrima la caja al cerco del estacionamiento del hipermercado, buscando proteger la mercadería del agua. La conversación continua.
_ ¿Desde cuándo laburás acá?
_Desde el año pasado...Desde que dejé de vender estampitas en la terminal.
_¿Estudias?
_No, dejé la escuela el año pasado.
_¿Por qué?
_Primero porque no me gusta estudiar y segundo porque tengo que ayudar a mi mamá.
El papá de Pedro es desocupado y la madre trabaja en una chacra de Stefenelli, como jornalera. Según el pequeño la plata que entra al hogar es poca. Son 4 hermanos y la comida a veces escasea. “Algunos días nos tenemos que arreglar con un pedazo de galleta y una taza de mate cocido.”
Para colaborar con la economía familiar Pedro sale de su casa en las 250 viviendas a las 9 de la mañana. Regresa de noche con unos pocos pesos en el bolsillo.
_¿Cuánto ganas por dia?
_Depende...si anda mucha gente en la calle se vende bien. Pero generalmente junto 5 o 7 pesos por dia.
_¿Al mediodía volves a tu casa a comer?
_No. Por ahí hago alguna que otra changuita...barro veredas por monedas...Y después me voy a lo del Cholo a comer.
“El Cholo” es dueño de uno de los locales de comida que hay sobre la calle 9 de Julio. Este comerciante aprecia mucho al chiquito y frecuentemente, a la hora de almorzar, le da un sanguche de mortadela y un vaso de jugo.
Son las seis de la tarde. Comenzó a garugar. Pedro exaltado nos dijo: “Me tengo que ir. Si se mojan las ristras de ajo se ponen amargas y después no te las compra nadie.” Se fue corriendo sin decir adónde. Nos dejó con el lápiz y el papel en la mano, y en la garganta se nos perdieron muchas preguntas.
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