Yo Estoy al Derecho, Dado Vuelta Estás Vos...

Por Margarita Navarrete y Nadine Carreño
Redacción Periodística II
13 de mayo de 2003 

A la gente no le gusta que la saluden a los gritos, mucho menos a los estudiantes y profesores de la facultad, pero no falta el que capta esa reticencia universitaria y que cuando reconoce a alguien, toma aire y grita.

-¿Cómo te va? Tanto tiempo... 

Algunos responden al saludo tímidamente, otros se avergüenzan y se alejan del personaje, su maletín y la baranda que carga por los días sin bañarse. El hombre transporta su gruesa figura. Observa con curiosidad, gira su cabeza constantemente de un lado al otro, parado mantiene un movimiento nervioso de pies y cabeza. 

Dicen que está loco, que se piró de tanto estudiar. Tal vez enloqueció con la facultad, a la que ingresó en la década del ochenta y donde lo sorprendió el nuevo siglo. Recuerda, “entré a la facultad con Alfonsín y ahora está el país del ballotage para terminar el círculo”. Desesperado confiesa que pasó por todos los planes, por todos los profesores y que calificó con todos. - Me faltan cuatro materias. No me recibo porque dicen que soy soberbio, que participo mucho en clase, a lo mejor molesto y tengo que callarme la boca
Se hizo cargo de la locura de una sociedad que lo excluye y no entiende por qué, la verdad es que no es fácil. Hay quienes dicen que los locos son los más fuertes porque cargan con la enfermedad de su entorno, son el emergente de aquello que no queremos ver. 

Se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda su peregrinar por un laburo, en un kiosco, un taller mecánico, en educación. “En el banco Nación toman a partir de los 23 años. Cuando yo tenía esa edad, fui y no me tomaron”. Por esta razón confiesa “me siento con 43 años de pelotudo. Quiero conseguir un trabajo para ubicarme en la vida”.

Entre las cosas que le molestan de su existencia es estar solo. Vive con su mamá, una mujer de 73 años que subsiste con una pensión. “Van a pensar que soy homosexual o un gigoló, porque no tengo pareja, pero me enamoré de un montón de mujeres acá, las encaré a todas y ninguna me dio bola”.

“Ya sé que estoy piantaó”, podría llamarse un capítulo de su historia, sin embargo, se siente capaz intelectualmente y con orgullo asegura que se leyó toda la biblioteca. 

Los locos hablan incoherencias, pero de su discurso se pueden rescatar frases muy lúcidas. Vivimos mecanizados y si logramos apropiarnos de la técnica creemos que manejamos la vida. Pero, para nuestro loco “en este país están todos obsesionados con la maquinita, les sacás la computadora y se pierden. Los profesores se comunican entre ellos vía fax. No se ven”

Decimos nuestro loco, porque se hace cargo de su locura y de la nuestra también. Él dice que este es “el país de la tarjetita”, del acomodo. Puede ser que no encuentre nunca un trabajo, puede ser que no se ubique nunca en este sistema, pero sabe muy bien lo que no quiere “ser usado para la historia de esta facultad”. 

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