Pende-viejo

Por Agostina Pallero y Malén Zapata  
Redacción Periodística I
Agosto 2007

La filosofía del pende-viejo se podría resumir en unas pocas oraciones:

 

…Para mí nunca pasa el tiempo

yo no puedo vivir del recuerdo

sigo con el hacha afilada

y media sonrisa clavada.

Porque el ruido me llama

y no quiero quedarme con las ganas

me muero si la luz se apaga…

 

Él es un hombre que ya pasó los cuarenta hace tiempo. Alto, con una estructura física algo grande y la piel bronceada los 365 días del año (producto de la cama solar o de las nuevas cremas bronceadoras). Su vestimenta no concuerda con la de su generación, al menos la de la mayoría. Con pantalones deportivos y remeras algo ajustadas se pasea por las calles de la ciudad.

Su día comienza muy temprano aunque termine muy tarde. Se gana la vida trabajando en el área comercial; por la mañana y por la tarde atiende junto a un socio, un viejo amigo de la vida, una librería. Algunas noches también trabaja en los boliches: suele pasar música o atender la barra de tragos.

Durante el día no pierde el tiempo; disfruta de su trabajo en la librería de alguna u otra forma. Ya que el negocio se encuentra cerca de un par de colegios secundarios y también de la universidad, el pende-viejo, como buen mujeriego , no pierde oportunidad de demostrar sus encantos de “galán”. De vez en cuando una que otra mujer se convierte en víctima de sus actos de hombre seductor, no le importa la edad que ésta tenga. Eso sí: siempre mayor de 18 años, no vaya a ser cosa de que le traiga algún problema demás…

Tras un largo día de trabajo en el comercio, el pende-viejo se sube a su bici y se dirige a su casa a descansar un rato. Más tarde partirá a su segundo trabajo. En los pubs de la ciudad generalmente se encarga de atender la barra de tragos. No existe mejor tarea que ésa para llevar a cabo su papel de hombre seductor. Se pasa toda la noche intentando conquistar mujeres de las mil y una formas.

Hijos no tiene. Eso lo complicaría demasiado. Todos sus amigos ya formaron una familia estable, con mujer e hijos. Y aunque algunos estén divorciados, trabajan desde muy temprano y no les alcanza el tiempo ni el ánimo para acompañar a su amigo en sus aventuras nocturnas. Esto es lo que causa que el pende-viejo tenga amigos bastante más jóvenes que él. Y de allí deviene, además, su forma de ser, su forma de vestir y hasta su forma de hablar. Se podría decir que es un adolescente en el cuerpo de un hombre ya algo grande.

El pende-viejo se caracteriza por la facilidad que tiene para adaptarse al contexto en que se encuentra. En el horario de su trabajo diurno es un hombre respetuoso que utiliza un vocabulario adecuado con las personas que debe atender, variando según las edades. También en su trabajo nocturno sabe cómo comportarse, principalmente frente a las distintas clases de mujeres (con jóvenes usa un lenguaje más informal que con las mayores, por ejemplo). Todo sea por conseguir su meta: conquistar una dama… y poder disfrutar de la noche.

El pende-viejo en su tarea de seductor deleita con su gran variedad de piropos dedicados a toda clase de mujer; no importa si son flacas, gordas, altas, petisas. Nada de eso le interesa, sólo le importa que son MUJERES. Puede que en sus planes de conquistador falle miles de veces, pero nunca se cansará: siempre habrá alguna “presa” que camine para el asador…

En resumidas cuentas, la ideología de la vida del pende-viejo aparece muy clara en estos versos de Los Auténticos Decadentes:

 

…Aunque le duelan los huesos, va a festejar

y lo haga feo el espejo, le gusta igual.

Aunque pierda las neuronas, va a festejar

y aunque a veces le juegue la libertad.

Aunque se sienta culpable, va a festejar

y cuatro días fisure, le gusta igual.

Aunque pierda el equilibrio, va a festejar

 

y le asuste el delirio, le gusta igual…

General Roca, agosto de 2007 

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