Obreros con miradas circulares

Por Tamara Belén Abdala
Agosto 2007
Aguafuertes Valletanas 
Redacción Periodística I

Caminando por la calle Mendoza, me detengo a observar a un grupo de obreros que construyen la nueva rotonda sobre las vías del ferrocarril. El tránsito cortado obliga a los autos a desviar su dirección, pero la gente se atreve a cruzar caminando o en bici tratando de esquivarle al barro y, por qué no, a las miradas de los trabajadores.

Justo es de tarde, cuando muchas personas de sport van para el canalito a dar la religiosa caminata de todos los días. Las señoras con calzas ajustadas no pasan inadvertidas para los obreros, pero mucho menos lo son las jovencitas que, con sus kilitos de más, no son el centro de atención.

En eso se acerca una muchacha caminando. No hay sol pero lleva puestas unas gafas oscuras. Está lista para emprender una rutina gimnástica al aire libre: buzo negro tipo calza bien ajustado, musculosa gris que sorprende por la brisa fría que corre, zapatillas deportivas a tono, y del cuello le cuelga uno de esos aparatitos tecnológicos que se usan para escuchar música .

Aparentemente es una de las tantas que va a dar la vueltita “quema calorías” por el centro roquense. Al principio duda un poco en pasar entre medio de la construcción, mira con recelo a los obreros y, al no quedarle otra, avanza.

Al verla, un flaquito con mameluco azul, que estaba con una pala le hace un gesto a uno de sus compañeros. Éste entiende la seña y pispea de reojo para el lado donde “la flaquita” va a cruzar. Dejan las palas en un costado y haciéndose los “bananas” empiezan a charlar.

La chica intenta esquivarlos pero ya es tarde. Toma coraje y pasa altanera frente a ellos. Sólo mira para adelante, camina dura como estatua y bien rapidito.

•  ¡Adiós mamita!, exclama en tono ganador el más flaquito y morocho.

•  Si querés a la vuelta te acompaño- acota el otro mientras la ve pasar y su

mirada se clava más en la ida que en la venida.

Los demás, atentos a la situación, acompañan el momento con silbidos, risas y los ojos bien abiertos. La chica, sin darse vuelta ni decir nada, se pierde rápidamente por entre los autos que cruzan la calle paralela a las vías.

Las demás señoras que también están cruzando murmuran entre ellas.

•  "¡Que guarangos estos hombres!", le dice una a la otra, que miraba a “los jovencitos de la rotonda” con bastante desprecio.

•  "Así no van a terminar nunca de hacerla", responde una tercera con enojo.

Los obreros, mientras, siguen a la muchachita con la mirada y después de otros comentarios agarran de nuevo las palas. Todo indica que van a continuar con la construcción, pero es de tarde. La gente sale a caminar, y por allá, en la otra cuadra, se acercan dos chicas más.

General Roca, agosto de 2007

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