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TEÓRICOS

EL MUNDO DE POSGUERRA
Desencuentros, proscripciones y dictaduras.
Luchas por la institucionalización en la Argentina

Capítulo 3

Por Juan Carlos Bergonzi (*)

Este trabajo es el tercero de una serie de cuatro. Están destinados a los alumnos cursantes y libres de las asignaturas Actualidad Informativa II (Plan 342-95) y Redacción Periodística I y II. de la Tecnicatura en Comunicación, Orientación Periodismo y Licenciado en Comunicación Social. (Planes 343-95 y 173-03)
Tiene como propósito pedagógico brindar una aproximación teórica de los cambios ocurridos luego de la Segunda Guerra Mundial. Sus correlatos en América latina y, especialmente, en la vida institucional de la Argentina.
La citas bibliográficas y hemerográficas constituyen una razonable fuentes de consulta para ampliar la mirada sobre los temas planteados.

Indice:

1.Proyectos de democracia en la República Argentina
2.Un golpe con intenciones de refundar la República
3.Caída de la dictadura y salida electoral
4.Bibliografía y fuentes.

1.Proyectos de democracia en la República Argentina

El intento de la sociedad argentina de retomar el camino de los gobiernos civiles con sustento electoral, en 1973, llega luego de un extenso lapso de desencuentros políticos que se remontan a 1955 que alteraron la dinámica social, económica y política de la Nación. El ascenso del peronismo al poder en los años de la posguerra representó el ingreso del país a la democratización naciente de ese periodo de la historia mundial. Los cambios y transformaciones producidas en la sociedad tuvieron como protagonistas a la clase obrera, postergada en derechos y conquistas sociales durante los anteriores gobiernos de tono conservador. La observación de un historiador estadounidense sobre la política argentina de esos años define el futuro que esperaba al país “la Argentina ya no volvería a ser la misma (...) la experiencia colectiva elevó a los trabajadores de la Argentina por encima de sus contrapartes en el resto del continente. Esa diferencia sigue vigente y es, quizás, la herencia más notable de Perón”.
La incorporación argentina a la segunda ola de democratización fue acompañada por otros países latinoamericanos como Venezuela, Perú, Colombia, Brasil y Costa Rica. En el caso de Argentina y Perú las democracias fueron inestables debido a los conflictos entre las Fuerzas Armadas con el peronismo y con el Aprismo en Perú.
En sus dos primeros gobiernos el peronismo había transformado a la Argentina con medidas de nacionalización de los servicios públicos, ferrocarriles, empresas marítimas y con una legislación favorable a los sectores del trabajo en la industria y en el agro. “ A partir de 1946 el Estado Nacional tuvo a su cargo: todo el transporte ferroviario mediante la compra de los ferrocarriles ingleses concretada en 1948 (y precedida por la compra de los ferrocarriles franceses que también formaban parte de la red nacional); la provisión de gas de todo el país (...) y la distribución de energía en todo el país a través de la compra de las usinas del interior (...) el transporte fluvial, a través de la compra de la compañía Dodero; el transporte aéreo, interior y exterior; el comercio exterior con la exportación de oleaginosas, de carnes y otros rubros, además de una gran presencia del Estado en la política crediticia con el recientemente nacionalizado Banco Central”.
La crisis del modelo surge más por enfrentamientos políticos que por el desarrollo económico que promueve y amplía la base de sustentación del gobierno. Una clase media emergente, con posibilidades de crecimiento personal y familiar pero descontenta por la ausencia de pluralismo en las decisiones cotidianas del gobierno y distante culturalmente de las políticas directrices que asentaban la convivencia, provoca desgastes y divisiones profundas que concluyen con la ruptura institucional de 1955.
Con el golpe de Estado de septiembre de 1955 denominado Revolución Libertadora culmina el primer ciclo del peronismo en poder. El país no retomará a un camino de entendimiento y consensos sino de prohibiciones, persecuciones, proscripciones y exilios. La dictadura militar abandonará el poder luego de elecciones nacionales con proscripción de las candidaturas del peronismo.
El triunfador de los comicios de 1958 será Arturo Frondizi surgido de las filas de la Unión Cívica Radical pero llegado al poder habiendo abandonado esa fuerza y constituyendo otra con apoyo de los votantes peronistas. El presidente Frondizi debió afrontar durante su gobierno, debido a su intención de legalizar la actividad política del peronismo proscripto, y a medidas económicas con proyectos de privatización de recursos naturales y servicios públicos, una sucesión de planteos y rebeliones militares que terminaron por destituirle del cargo.
En 1962, en la Casa Rosada se hablaba de autoabasticimiento petrolero, del lanzamiento a la fabricación de acero nacional, del éxito de la industria automotriz y de la ampliación de la política social caracterizada por la Ley de Asociaciones Profesionales. Esa percepción de progreso no impidió el arresto del presidente por la Fuerzas Armadas; su lugar lo ocupó el presidente provisional del senado. Una salida que pretendió encubrir un golpe de Estado y que volvió a poner en el escenario la constante vida pendular entre gobiernos de facto y de jure, estos últimos débiles y con escasa representatividad ciudadana.
Una salida institucional surge en 1963 con la elección del presidente Arturo Illia. Su fuerza de sustentación es débil, ya que obtiene su triunfo con un 25 por 100 de soporte electoral debido a la prohibición de candidaturas del Partido Peronista; el gobierno se verá sujeto a presiones sindicales y planteos de las Fuerzas Armadas que lo van debilitando. Su gestión se proyectará a la sociedad como la imagen de la anomia y la desorientación. No obstante esa percepción fomentada por medios comprometidos con el golpismo, la gestión de Illia se desarrolló en franco contraste con su predecesor Arturo Frondizi. Nacionalizó la producción de petróleo mediante la anulación de los contratos con las compañías internacionales y motorizó un proceso de recuperación de la economía a través de incentivos al consumo privado. El producto bruto interno creció un 8 por 100 y la producción agrícola se elevó en un 50 por 100. Este mejoramiento en la economía despejó temores sobre la balanza de pagos.
A pesar de los logros en el campo económico, el gobierno de Illia continuaba sin apoyos sindicales y en conflicto con el peronismo. Un operativo de retorno del general Juan D. Perón a la Argentina desde España, fue abortado en Brasil y ese episodio definió la precariedad de la situación. El poder sindical y la campaña mediática sobre “la caducidad e inoperancia de los partidos políticos” será la idea central de un órgano periodístico aparecido en 1962 Primera Plana cuyo director-fundador fue el periodista judío-argentino, Jacobo Timmerman.
El semanario representa a un sector del Ejército denominado “azul” y creará a lo largo de más de tres años, el clima propicio para una nueva intervención militar sobre el poder político de la Nación.

2. Un golpe con proyecto refundacional

Primera Plana desde su fundación (noviembre de 1962) hasta el comienzo de la autoproclamada Revolución Argentina en junio de 1966, es un vocero de este penúltimo golpe de Estado. El medio periodístico será un sostén ideológico en la fase de conformación de un nuevo poder militar que controlará la vida de los argentinos hasta 1973.
El golpe que se preparó desde la salida de Primera Plana no pretende repetir asonadas anteriores o putsch palaciegos que solo alimentaban el movimiento pendular entre el autoritarismo y cuasi Estados de derecho. Tiene otro propósito que incluía presupuestos refundacionales además de concluir con la gravitación de Juan D. Perón y su movimiento en la vida política. En 1965 a partir de la posibilidad cierta de un golpe de Estado surge otro semanario: Confirmado que asume como objetivo crear un clima psicológico propicio para favorecer la interrupción del orden constitucional. Ambos medios gráficos y parte de la red de radio y televisión se suman a la campaña mediática golpista.
Los semanarios a través de sus columnistas daban una visión con algunos matices distintivos de la salida “revolucionaria” que se avecinaba. Primera Plana veía al final del ciclo del gobierno militar calculado en no menos de diez años, una democracia liberal y potable con el peronismo y con partidos políticos de ideas capaces de terminar con el bipartidismo; esto es peronismo y radicalismo que desde 1946 se disputaban la conducción del país. Para la etapa de la Revolución Argentina que se iniciaría luego del golpe al gobierno del presidente Arturo Illia, sostenía que el régimen se debía parecer a la IV República Francesa y el modelo de su conductor debía asemejares a De Gaulle. Confirmado no pregonaba un retorno final a la democracia liberal sino un régimen corporativo que terminara para siempre con los viejos partidos políticos. Su modelo también era la IV República Francesa pero su arquetipo de modelo de conducción de esta “revolución” se inspiraba en el general Francisco Franco.
El golpe, concretado el 28 de junio de 1966, inauguró un ciclo sine die de poder militar llamado Revolución Argentina y como presidente de facto es designado el general Juan Carlos Onganía. “El significado y los alcances de este golpe contrastan con las intervenciones militares precedentes. Ya no se trataba de tomar el poder para buscar una salida electoral: había que fundar la nueva Argentina, la empresa fallida del frondizismo. Ante un gobierno debilitado, sacudido por las luchas de la Confederación General del Trabajo (CGT), el temor que demasiada libertad desembocará en el temido retorno del peronismo y sirviera de caldo de cultivo para el izquierdismo, los militares se sintieron convocados para transformar la economía y sociedad argentina”
Los grupos castrenses en la conducción de la República, con la convicción de haber recibido el mandato de la patria para acometer cambios definitivos, comprobarán en sus inestables años de gobierno, el error de sus interpretaciones de la historia. Desde 1955, con el derrocamiento del peronismo, dos golpes de Estado se habían concretado. Este era el tercero en poco más de diez años y las desarmonías entre peronistas, militares y políticos tradicionales se acrecentaron siempre bajo el temor del retorno al poder de Perón y de su movimiento. La incomprensión de los procesos sociales y políticos y la convicción de la obsolescencia del modelo de convivencia democrático dieron paso al golpe de la autodenominada Revolución Argentina (1966-1973).
“El poder del Estado se convirtió en un objetivo militar; era el instrumento para salir del atraso e instalar el país en el mundo. Las Fuerzas Armadas asumieron la representación del pueblo y dotaron de un estatuto que reservó a la Junta Revolucionaria el derecho a designar presidente y depositar en él todos los poderes políticos del Estado. La Corte Suprema de Justicia fue removida y los nuevos miembros juraron con la fórmula revolucionaria. El presidente reunió las funciones reunió las funciones legislativas y ejecutivas en sus manos. La centralización del poder disolvió la estructura federal del Estado. Los poderes políticos provinciales pasaron a ser una prolongación natural de la función presidencial”.
El tiempo político y cultural del planeta poco favorece los objetivos de los revolucionarios de 1966. La década de 1960 con sus movimientos juveniles contestatarios, las revueltas en países del área socialista y la mirada crítica de la Iglesia Latinoamericana, incluida la argentina, sobre la pobreza y la marginación social no acompañan con facilidad la marcha del proyecto de las Fuerzas Armadas dirigido a refundar una nueva República para los argentinos.
Se inició bajo este gobierno una era que no admitía límites temporales: no tendría los caracteres de un gobierno provisional tal como se anunciaron los golpistas posteriores a Perón. El ejercicio del poder se prolongaría tanto tiempo como para consolidar la paz social y alcanzar algunos otros objetivos que se fueran enunciando.
Los golpistas antes enfrentados en los bandos denominados “Azules” y “Colorados” unos con intenciones más constitucionalistas y menos antiperonistas y los otros con propuestas definidamente antiperonistas y sin salidas democráticas ahora estaban unidos para esperar la muerte del líder Juan Domingo Perón en el exilio. La desaparición física de quien aglutinaba las mayorías era una perspectiva de fondo para los oficiales que conducían la Revolución Nacional.
Pero la invalidación de la Constitución subiendo a la cima de la pirámide jurídica al “Estatuto de la Revolución”, el congelamiento de la actividad política, la disolución de los partidos políticos y la privación de sus bienes, una torpe política universitaria y una conducción económica confusa quitaron los créditos otorgados por la ciudadanía para dar el golpe en los primeros meses de gestión.
Con negación persistente en proponer un retorno a la democracia la Revolución Argentina se orienta con claridad hacia un modelo económico de corte monetarista mediante devaluaciones, reducciones o congelamiento de salarios, y la drástica reducción del déficit fiscal con elementos nuevos: retenciones en las exportaciones y un ambicioso plan de obras públicas para combatir el desempleo o desocupación.
La política económica no sólo provoca devaluaciones con la consiguiente restricción al consumo interno y la pérdida de actividad comercial que origina despidos en fábricas y el sector del comercio; un plan de supresión de protección a los sectores económicos nacionales, calificados de ineficaces, facilita el ascenso a las compañías multinacionales que, atraídas por la baja cotización del peso, compran numerosas empresas locales provocando una fuerte corriente de oposición en la opinión pública.
La prometida paz militar de alguna forma lograda por el autoritarismo comenzó a quebrantarse. Los consensos iniciales de grupos sindicales de derecha y algunos sectores de la política tradicional observan con preocupación la crisis social y económica. La falta de movilidad en el campo de los partidos políticos y el creciente desempleo y pérdida del poder adquisitivo de los obreros y de la clase media creó un clima de descontento traducido en episodios de violencia que derrumbaron al primer conductor de la revolución.
El presidente Onganía pierde apoyo dentro de las propias filas militares y sectores colaboracionistas. La división de la Confederación General del Trabajo (CGT) con la creación de otra denominada “de los argentinos” obligó a la primera a retirar los apoyos iniciales.
Surgen grupos sindicales combativos que, unidos a los estudiantiles y el rechazo de la población media hicieron pensar que “existía vacío de poder” en el gobierno de facto. Un episodio de características inusuales por su magnitud violenta ocurrido en la industrial provincia de Córdoba fue el detonante de los sucesos que acarrearían la destitución del presidente por parte de la Junta Militar.
Los hechos, conocidos como el “cordobazo” se desarrollan por más de una semana con tipología de insurrección urbana. En acción conjunta obreros y estudiantes tomaron las calles de la ciudad y aglutinan a su alrededor gente de clases populares como de clases medias.
La llamada “Revolución Argentina” que se había propuesto luchar contra la ineficacia del gobierno civil del presidente Arturo Illia comienzo, con la salida impuesta al general Onganía, su declive. Los choques con los sindicatos, los cierres de ingenios azucareros de la provincia de Tucumán, la eliminación de personal en el puerto de la capital y del sistema ferroviario nacional provocaron el estallido citado como “cordobazo” sino otras reacciones estudiantiles y obreras en cadena en otras ciudades y provincias.

3. Caída de la dictadura y salida electoral

La sustitución presidencial recae en otro oficial. Durante los nueve meses que dura su mandato otorgado por las Fuerzas Armadas los partidos políticos, alentados por el deterioro del poder castrense, reaparecen en la escena nacional. Un documento denominado “La Hora del Pueblo” solicita “el restablecimiento de la democracia parlamentaria, elecciones generales y anunció el compromiso de todas las fuerzas políticas de que la mayoría respetará a la minoría y que todos cooperarán en temas de interés nacional” .
La sociedad nacional se informa del acuerdo de los partidos políticos, fundamentalmente de los que representan las fuerzas mayoritarias: el peronismo y la Unión Cívica Radical o el radicalismo. Un nuevo cuadro de situación se instala con este resurgimiento de la actividad político partidaria y el movimiento obrero reunificado en una nueva CGT. La reiteración de conflictos en Córdoba produjo el relevo en el mando presidencial asumiendo el propio comandante del Ejército, el general Alejandro A. Lanusse a principios de 1971.
El nuevo presidente tiene como objetivo iniciar la transición hacia la reclamada democracia parlamentaria. ¿Pero cómo pensar en una salida electoral donde se incluya libremente a todas las fuerzas políticas?. El peronismo con una historia de quince años de proscripciones, con la figura emergente de Juan D. Perón desde su exilio en Puerta de Hierro en Madrid, más un ambiente de incomprensión entre los partidos políticos, hizo inviable el proyecto del Gran Acuerdo Nacional al que también quiso potenciar el nuevo presidente de la “Revolución Argentina”.
El contexto social y político siguió un curso de sucesivas complicaciones: la juventud izquierdista había encontrado refugio en el peronismo donde crece como un movimiento importante. Las universidades serán los centros de agitación y reclutamiento de las organizaciones juveniles de superficie y clandestinas.
“Es imposible resumir aquí la agitación universitaria que recorre el país. La población estudiantil ha tomado conciencia de la realidad nacional y de la necesidad de luchar junto a los trabajadores. Es éste uno de los hechos más decisivos acaecidos en la Argentina de la última década. El país está sacudido por permanentes rebeldías estudiantiles que han tomado la calle como escenario y la ocupación de las universidades como expresión de protesta. Millares de documentos, folletos, volantes, publicaciones inundan al país. Y la acción violenta, la reacción multitudinaria de los estudiantes es cada vez más profunda en el orden ideológico y combativo”
Una situación de inquietud surge en filas de cuadros subalternos del Ejército con inclinaciones hacia el peronismo y al nacionalismo tanto de derechas como de izquierdas: la causa se originó en la excesiva politización de la función del Ejército que imprimía el comandante en jefe y presidente, general Alejandro A. Lanusse. Los hechos ocurrieron en el marco de la apertura electoral y bajo la influencia de fuentes ideológicas inspiradas en el “marxismo nacional” que tenía como exponentes a historiadores revisionistas como Juan José Hernández Arregui y Jorge Abelardo Ramos. Estos autores, con predicamento en las aulas universitarias, tuvieron reconocimiento del mismo Juan D. Perón.
El ex presidente, desde el exilio europeo, alentaba la crítica teórica y la acción práctica contra la dictadura militar. Perón reflexiona sobre el momento y la participación juvenil: “Este gobierno prometió una “Revolución Argentina” y consumió su tiempo en peregrinas promesas incumplidas y vanas ilusiones, y cuando el Pueblo cansado e indignado quiso hacer oír su verdad, le contestó con la más violenta represión que tantas vidas viene costando a lo largo de estos quince años de fatalidad provocada. No sé si nuestra juventud necesitará más que esta dura experiencia para persuadirse de la necesidad de actuar en defensa de su propio porvenir y del de la Patria.
El Partido Peronista resultaba permeable a diferentes discursos ideológicos que todos juntos forman un conglomerado heterogéneo y Perón trata de ejercer un difícil equilibrio entre las distintas tendencias que garantice su jefatura hegemónica. Su crecimiento como líder de un movimiento que aglutina a sectores diversos con gran predominio de la juventud es de progresión geométrica.
En un contexto de persistente movilización ciudadana nace una organización guerrillera, los Montoneros, de orientación peronista. El nacimiento de esta formación armada junto a otras de tendencia de izquierdas será el anticipo de una etapa de luchas violentas y con alto costo de vidas entre sus propias fuerzas, civiles y militares. La ola libertaria que recorría al mundo llegaba a Latinoamérica con matices diferenciales en proyectos: terminar con los regímenes autoritarios representantes del poder económico local y extranjero alejado del pueblo y sus necesidades; segundo, utilizar los métodos convenientes para tal fin incluido la lucha de carácter armado. El ejemplo de la revolución cubana triunfante apenas diez años atrás, sumada a las proscripciones políticas, sindicales, intelectuales habían sembrado un campo fértil para la lucha política y militarizada.
La clase media argentina, antiperonista desde siempre, comenzaba a observar con simpatía las acciones “justicieras” de los grupos guerrilleros.
La “Revolución Argentina” debilitada se preparaba para la salida electoral que marcaba el péndulo de la historia. Pero, las complicaciones graves de resolver se presentarán y entre ellas la más relevante: ¿Podría Perón intervenir como candidato a presidente en la contienda electoral?. La respuesta al interrogante en el espíritu de la apertura e ingreso a la sociedad democrática era obvio para las fuerzas militares: Perón era un ex dictador derrocado por haber llevado al país a una tiranía y enfrentamientos sociales irreversibles. Su papel de conductor, desde el exilio, del más poderoso partido político vigente en la Argentina no era mérito suficiente para dejarlo actuar en libertad.
Para los militares que habían tomado el poder mediante golpes de Estado en 1955, 1962, 1966, era una idea impensable. Ellos, habían dejado el profesionalismo para suprimir modelos populistas, demagógicos, y ajenos a los más elevados principios de la convivencia democrática. Permitir el reingreso de Perón a la escena política era renunciar a quince años de aislamiento de la sociedad del fenómeno peronista que ellos, oficiales de las Fuerzas Armadas, interpretaban como lo más saludable para la sociedad.

4. Bibliografía y fuentes consultadas
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SIGAL, Silvia (1991) Intelectuales y poder en la década del setenta, Buenos Aires, Punto Sur

*Periodista. Profesor e investigador en Comunicación Social. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Nacional del Comahue.

Prohibida la reproducción total o parcial de este trabajo. Si quiere citarlo o establecer un enlace:
Juan Carlos Bergonzi. "El mundo de Posguerra". Red-accion, sitio web del Area Periodismo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.
General Roca: Universidad Nacional del Comahue. Disponible en:
(Capítulo 1) http://red-accion.uncoma.edu.ar/asignaturas/mundoposguerra1.htm
(Capítulo 2) http://red-accion.uncoma.edu.ar/asignaturas/mundoposguerra2.htm

(Capítulo 3) http://red-accion.uncoma.edu.ar/asignaturas/mundoposguerra3.htm
(Capítulo 4) http://red-accion.uncoma.edu.ar/asignaturas/mundoposguerra4.htm