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TEÓRICOS

Club Social y Deprimido

Elementos para entender la crisis de los clubes argentinos
Por Sebastián Espiño

Introducción

 

Había una vez un club, fue la determinante frase que eligió el director argentino Juan José Campanella , para acompañar el título de la película Luna de Avellaneda (2004). En el desarrollo, la historia expone como una humilde y tradicional institución de barrio en la ciudad de Buenos Aires cede ante las nuevas presiones de fines de siglo XX y principios del XXI hasta sucumbir. Sin embargo, la trama va más allá de esta escueta y abstracta sinopsis. Es una representación cuasi exacta de la realidad por la que transitan las organizaciones socio-deportivas de nuestro país, consecuencia de un complejo entramado de condiciones surgidas en la joven y destructiva posmodernidad.

 

La utilización del pretérito en la cita de Campanella es acertada. Es que su expresión no se limita a la problemática del club que es eje de su historia, sino que pone de manifiesto una dimensión mucho más amplia e incluyente: la crisis de un modelo, el hundimiento de las instituciones. El club pasa a ser sólo un elemento que permite explicar con sencillez la crisis que padecen las organizaciones más significativas de nuestra sociedad.

 

La realidad es clara en este aspecto: los clubes son sólo una pequeña parte de las instituciones que atraviesan momentos de inestabilidad. No es objetivo de este trabajo realizar una fundamentación teórica que acerque a las organizaciones socio-deportivas al nivel de sistemas más complejos y relevantes para la vida de una sociedad, como pueden serlo la educación o la salud pública. Sin embargo, y pese a las diferentes funciones que cumplen, estos sistemas comparten y son influidos constantemente por el resquebrajamiento de los dispositivos de principios de siglo XX.

 

¿Pero cuáles son esos elementos que se destruyen? En primer lugar los que tienen que ver con la lógica de acumulación capitalista. De su mano se han transformado las formas del trabajo, las relaciones sociales y la industria cultural, que junto a otros factores influyeron en cambios todavía más profundos: los que tienen que ver con el tiempo y el espacio.

 

Los clubes han sido desde principios del siglo XX en nuestro país, un agente socializador relevante. Desde sus inicios sirvieron de nexo para que las comunidades inmigrantes llegadas desde 1880 pudieran superar las distancias e hicieran más fácil el destierro. De a poco la tradición influyó a los criollos y así el nacimiento de clubes se propagó por todo el territorio argentino (de aquel entonces). En muchos casos la práctica deportiva significó el motivo por excelencia para formalizar las instituciones y dar forma a los clubes.

 

No es sólo la característica socializadora de estas organizaciones la que resulta interesante. En ellas también aparecen como protagonistas la construcción de la identidad -como resultado de tejidos normativos hacia su interior- y la producción de significados.

 

Sin embargo, el sistema cooperativo y asociacionista por el que se distinguen los clubes colisionó frente a la realidad planteada por el sistema neoliberal. Formados mayoritariamente por las clases medias, vieron desmoronar sus cimientos institucionales a la par que lo hacía la realidad económica de sus asociados.

 

A lo largo de este trabajo, se intentarán aportar elementos que permitan enriquecer las ideas que se tienen sobre la crisis actual de los clubes. Se buscará integrar concepciones provenientes de diferentes perspectivas teóricas, contrastándolas con datos extraídos de la realidad para lograr contextualizar la problemática de estas organizaciones dentro la profunda crisis que viven las instituciones en la coyuntura neoliberal.

•  ¿Qué son los clubes?

 

Antes de emprender el recorrido histórico que nos llevará de manera inevitable al período de crisis actual, conviene realizar algunas precisiones acerca de lo que llamamos club en Argentina. Veremos en el transcurso del trabajo que no es aleatorio el origen inglés que la Real Academia Española (RAE) le concede al término. Según la vigésima segunda edición del diccionario de la prestigiosa entidad, un club es una “sociedad fundada por un grupo de personas con intereses comunes y dedicada a actividades de distinta especie, principalmente recreativas, deportivas o culturales”. El Cambridge Dictionary los define como “una organización de gente con un objetivo común o interés, quienes se reúnen regularmente y toman parte en actividades compartidas” .

 

Los dos enunciados hacen referencia a elementos comunes. En primer lugar, se destaca la presencia de un grupo de personas . Es hacia su interior que puede concebirse la idea social de los clubes. No existirían si anteriormente no hubiese un elemento que aglutinara a los individuos que forman parte de ellos: una identidad compartida. Como bien indica la RAE , estos factores comunes pueden ser en muchos de los casos vinculados a la recreación, cultura o deporte. Hacia su interior los individuos pasarán a ser considerados socios , es decir que aportarán periódicamente una cuota para el bien común de la asociación. Ese “bien común” será uno de los objetivos principales del club, entre los que no estará incluida la meta del lucro. Así, todos los beneficios logrados por la institución en materia económica deben ser volcados a la masa societaria a través de actividades, infraestructura o otros medios que favorezcan a los integrantes de la asociación.

 

En nuestro país, los clubes se formalizan a través de la figura legal de la “asociación civil”. Según Julio Frydenberg (2002:20) “La asociación se constituye por medio de un acta, se suelen regular a través de estatutos, que contemplan habitualmente: denominación, fines, domicilio, ámbito territorial de acción previsto, órganos directivos, forma de administración, procedimiento de admisión y pérdida de la calidad de socio, deberes y derechos de los socios, normas electorales, patrimonio fundacional, recursos económicos previstos, etc. La Asamblea General es el órgano supremo, se reúne anualmente para tratar los estados de sus cuentas, balances y patrimonio. La Comisión Directiva y el presidente representan a la asociación, actúan en su nombre y ejecutan los acuerdos adoptados por la asamblea”. La organización, una vez estructurada, pasa a ser por el derecho una persona jurídica y debe ser registrada como tal.

 

Tres son los elementos que deben conjugarse para que este tipo de asociación logre su condición definitiva: una base común que sea independiente de los individuos que la forman, el bien común como objetivo y, por último, el reconocimiento de su personería jurídica.

 

Una de las principales características del formato que los clubes adquieren en Argentina, tiene que ver con lo patrimonial. Las asociaciones deben contar con patrimonio propio descartando de forma excluyente la supervivencia a través de subsidios estatales (Frydemberg 2002:20). Esta idea será importante más adelante, cuando se intente explicar porque los organismos del gobierno gestionan la agonía de las instituciones.

 

La vida comunitaria de los clubes configura –por lo menos desde la teoría o con referencia a la historia pasada- un elemento que no puede ser dejado de lado cuando se estudia este tipo de instituciones desde las ciencias de la comunicación: el capital social. Este término hace referencia “a aspectos de la organización social tales como redes, normas, y confianza social, que faciliten la coordinación y la cooperación para beneficio mutuo” (Putnam 1999:3) . Este factor, que logró su auge con el momento inicial en la vida de los clubes argentinos, comenzó a declinar durante las décadas de los '80 y '90.

 

Son los elementos enumerados anteriormente los que en la actualidad están colisionando. Su articulación armónica impulsó la época –nostálgicamente recordada- del apogeo del modelo asociacionista. Veamos a continuación en qué contexto social, histórico y cultural se formaron los clubes pioneros de la historia argentina, esos que sembraron el imaginario colectivo nacional.

•  El Estado, la industrialización y la construcción del individuo-trabajador

 

La historia dice que el Estado argentino comenzó a consolidarse en la segunda mitad del siglo XIX, más precisamente luego de la batalla de Pavón . Las décadas que siguieron a 1860 tuvieron fueron más que intensos en la vida del país, sobre todo en materia económica. La industrialización europea demandaba materias primas para la producción, a la vez que era necesario suplir la carencia de alimentos provocada por sistemas económicos volcados hacia las fábricas. Para Argentina eso iba a ser determinante: su nuevo rol dentro de la División Internacional del Trabajo definiría al país como exportador de productos primarios. Sin proponérselo, esta función en la economía mundial, iba a necesitar de un elemento que influiría directamente en la incipiente fundación de clubes nacionales: la mano de obra extranjera.

 

El gobierno argentino –ejercido por los sectores más conservadores de la política, nucleados en el Partido Autonomista Nacional- emprendió una campaña para atraer inmigrantes europeos y así aumentar el volumen de mano de obra. Junto a eso tomó una serie de medidas tendientes a brindar seguridad a las inversiones provenientes del viejo continente (garantizó ganancias de un mínimo de 7% a través de bonos estatales). Así fue que se instalaron los emprendimientos que más crecieron durante esa época: los ferrocarriles.

 

Analizar contextos sociopolíticos de la historia nos obliga a situar los diferentes sucesos dentro de una experiencia de la cultura. Esta concepción rompe con la idea de la historicidad lineal y explica que cada momento histórico está definido por una serie de características que no guarda relación con las ideas hegemónicas períodos anteriores. Así, las diferentes etapas de la historia occidental –en este caso, específicamente argentina- deben pensarse como una conjunción de factores definidos por campos de saber (ideas hegemónicas que representan la verdad del momento), tipos de normatividad (el saber legitimado de la época) y los modos de subjetividad (formas de construcción del ser).

 

Las transformaciones con relación a los mecanismos de poder, las formas de producción y el surgimiento del régimen de acumulación de capital durante el siglo VXIII demandaron una serie de mutaciones inevitables para la consolidación de los nuevos poderes económicos. “Uno de los requisitos del capitalismo industrial fue la transformación de la población flotante que de forma continua arribaba a las ciudades, en una población ordenada y calificada para el trabajo” (Sánchez, 2006:6). De esta manera queda definida una de las características principales de la sociedad disciplinaria: la transformación del individuo para el trabajo en las fábricas.

 

Esa formación de los cuerpos para lograr un desempeño efectivo dentro de los nuevos ámbitos de trabajo y obtener un ser útil al sistema se realizaba a través de diversos instrumentos y mecanismos. Las instituciones de encierro (familia, escuela, cárcel, entre otras) cumplían la función de delimitar las personalidades de los individuos, es decir, de moldear e inscribir sobre el cuerpo y alma de los hombres todas aquellas herramientas que sirvieran para construir al individuo-trabajador. No sólo conseguían focalizar en el sujeto deseable sino que también establecían las formas de posibles desvíos que eran disfuncionales al capitalismo industrial.

 

Es en ese contexto de construcción del individuo-trabajador, que aparecen los clubes como instituciones de encierro, donde muchas de las actividades hacia el interior de la vida asociacionista tienen una consecuente relación con la vida laboral. Sin embargo, para entender aún más la aparición de estas entidades, habrá que tener en cuenta dos dispositivos de disciplinamiento a los que hace referencia Michel Foucault: el anatomopoder y la biopolítca .

 

El primer término tiene que ver con todas las tecnologías disciplinarias que afectan directamente al cuerpo humano. Según el filósofo francés, éstas “pueden y deben resolverse en cuerpos individuales, a los que se puede vigilar, adiestrar, utilizar y eventualmente castigar” (Foucault 1976:172). La biopolítica de la especie humana, a diferencia de la noción anterior, se dirige a elementos de la población entera que deben ser eliminados por no facilitar el funcionamiento del sistema, es decir, medidas que colaboran a mantener sana y disponible a la clase trabajadora.

 

Todo este complejo entramado de relaciones, es el que en la praxis daría espacio para el surgimiento de las instituciones socio-deportivas.

 

•  De la influencia inglesa a los clubes criollos

 

La ola inmigratoria de fines de siglo XIX trajo consigo la llegada de costumbres poco conocidas en nuestro país, entre ellas, la de las asociaciones deportivas. Pese a ello, algunos estudiosos del tema como Alfredo Aguirre, no se quedan con los inmigrantes y completan el cuadro fundacional de los clubes en Argentina con otros dos procesos: la formación de organizaciones por parte de la alta oligarquía argentina (el caso de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires) y nacimiento de los clubes a partir de las clases populares, como River Plate, entre otros (Lupo 2004:66). Pese a ello, la influencia de los deportes británicos en Argentina iba a ser notable: según Eduardo Archetti (2005:1) “ para 1914 muchos de los deportes introducidos por los británicos durante el siglo pasado se habían convertido en prácticas de tiempo libre diseminadas a lo largo del territorio nacional (Olivera 1932). En ese proceso un conjunto de pruebas hípicas tradicionales como el pato, la cinchada, la pechada, la corrida de la bandera y el juego de cañas habían desaparecido o habían sido prohibidas y reemplazadas por los deportes ecuestres británicos ”.

 

Según los registros históricos, la primera organización con las características de club fue el Centro Catalá en nuestro país, fundado en 1857. Siete años más tarde se fundaría la primera asociación británica: el Buenos Aires Cricket Club, que el 20 de junio de 1867 cedería su terreno para la disputa del primer partido de fútbol de la historia en nuestro país. Hasta 1880, año en el que se funda Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), todas las instituciones creadas con fines sociales y deportivos tuvieron sus orígenes en la colonia inglesa. Los europeos fundaron clubes para la práctica de un amplio abanico de disciplinas: remo, cricket, atletismo, fútbol y tenis, entre otros.

 

La ola socio-deportiva recorrió todo rincón al que llegaran las vías del ferrocarril. En 1889 se fundaba en Rosario el Rosario Railway Athletic Club, que posteriormente relegaría su claro origen en los trenes para pasar a llamarse Rosario Central. En la capital santafesina, Ferrocarril Santa Fe fue uno de los primeros clubes en fundarse, mientras que en Córdoba se crearon Talleres de Córdoba (por los talleres del ferrocarril) e Instituto Atlético Central Córdoba (cuya iniciativa nació en la sección máquinas del Ferrocarril Central Córdoba).

 

Sin embargo, iba a ser uno de estos deportes en especial el que cautivara a los nativos: el fútbol. Para Archetti, la explicación del fenómeno radica en el “temperamento de los jóvenes nativos que se caracterizaba por ser “agresivo, vehemente, impulsivo” y que, por lo tanto, “correr, golpearse y empujarse como en una lucha continua tienen preferencia sobre la estrategia y el sentido táctico” (2005:1). Comenzaba a delinearse así, la construcción de la identidad deportiva nacional en oposición a las ideas de los británicos radicados en Argentina, que veían en el cricket una disciplina que debía fomentarse para desarrollar en el “espíritu nacional” cualidades más racionales que no se veían incluidas dentro del fútbol.

 

Entre la última década del siglo XIX y la primera del XX, comenzó un periodo de transferencia y los británicos comenzaron a ceder posiciones frente a la avanzada criolla. Éste fenómeno fue parte de un proceso que combinó múltiples factores y culminó con una extensiva popularización de fútbol y la creciente creación de clubes íntegramente argentinos.

 

Tres factores –entre otros- influyeron para que el deporte prendiera entre los argentinos. El primero tiene que ver con el grado de divulgación que el fútbol encontró entre las escuelas secundarias a fines de siglo. La segunda razón debe asociarse a la regulación de la jornada laboral a ocho horas, lo que permitió a los trabajadores organizar actividades post-laborales . En tercer lugar aparece un elemento clave en la identidad del deporte argentino: la práctica del fútbol en los terrenos cercanos a las vías del ferrocarril, en los tan conocidos potreros.

 

Para Archetti (2005:2), los potreros son determinantes en una época en la que la vida atlética de los hombres argentinos se dirimía entre la gimnasia alemana y los deportes colectivos . Fue dentro de ellos donde se desarrollaron los primeros embriones del fútbol argentino –vitales para la representación en el imaginario popular- y donde se fundó otras de las construcciones simbólicas más importantes para la identidad deportiva nacional: el pibe (Archetti 1998:5).

 

En el marco de esas condiciones comenzaron a crearse clubes con predominio criollo entre sus fundadores. Muchos de estas instituciones nacieron a la luz de un equipo de fútbol, pero en muchos casos trascendieron las fronteras de ese deporte. Sin embargo, era difícil ver la escisión de la tradición inglesa en el nombre de las nuevas instituciones. Como indica Julio Frydemberg, los nombres elegidos para las instituciones pueden “entenderse como un aporte, como un intento de acercamiento a la comprensión de un clima, del ambiente cercano al de la juventud masculina porteña, que a medida que entramos en el siglo XX fue abrazando la práctica del fútbol ”. Por eso, vale la pena recalar en algunos detalles (1996:2).

 

El nombre Argentinos aparece en la primera década del 1900 para diferenciarse de los ingleses . Para Frydemberg, la diferenciación buscada a partir de los nombres tenían un claro mensaje segregador –y no referido a la identidad futbolística- ya que “ fueron los jóvenes nacidos de los nuevos sectores populares porteños quienes parecen haberlo elegido como opción diferenciadora de las aglutinaciones grupales de inmigrantes” (1996:3). Las instituciones que antaño eran fundadas con nombres en inglés (los casos “ athletic” o “juniors” ) fueron sustituidas por los “Clubes Atléticos” o palabras como estudiantes, unidos o defensores . Este último marca explícitamente la pertenencia de un grupo a una zona geográfica, una identificación con un lugar específico (por ejemplo, Defensores de Belgrano ) y algo bien importante: el nacimiento de los clubes de barrio.

 

Pasados los primeros diez años del 1900, la rivalidad entre los clubes de origen británico y los incipientes criollos se intensificó. Los escándalos se multiplicaron en partidos de fútbol que enfrentaban a equipos de las dos raíces. Un claro ejemplo –prueba que demuestra que la violencia en el deporte no es actual- es lo que se suscitó en 1909 en un encuentro entre Quilmes Athletic Club y Argentino de Quilmes . Cuenta Alejandro Fabbri (2008:19), citando a Mariano Torre, que luego de un fallo arbitral en el cotejo la parcialidad de Argentino invadió el campo de juego. En ese momento “el referee White se refugió, después de una disparada vertiginosa, en el vestuario que estaba más allá del ángulo norte […] seguido de una hinchada ‘mate' que no pudo darle caza. Al jugador quilmeño Jones se lo vio cruzar disparado con el cuello manando sangre, de un garrotazo que le asestaron…” La guerra por la independencia futbolística había comenzado.

 

El proceso de consolidación de los clubes en el país continuó durante las dos décadas siguientes. Sin embargo, en Buenos Aires, muchos clubes pequeños (los que eran denominados equipos-clubes) desaparecieron con la profesionalización del fútbol . Muchas de las instituciones que sobrevivieron a esta etapa se distinguieron por no ser conocidos como “culturales, sociales y deportivos, y que en las décadas de 1920 y 1930, recibían ya en su seno a una inmensa parte de la población, especialmente en las grandes ciudades, lo que motivó a que los deportes se fueran acriollando” (2004:68).

 

Fue en estos años que comenzó también la relación del Estado con las instituciones deportivas, sobre todo con motivos publicitarios. Dos de los casos más difundidos son los de los presidentes Agustín Justo y Juan Domingo Perón . Ambos casos tienen que ver con colaboraciones realizadas desde el gobierno para la construcción de los estadios. Justo apoyó la construcción de “ La Bombonera ” y fue un actor protagónico durante el proceso, incluso instalando la piedra fundacional de la mítica cancha (Fabbri 2008:52). En el caso de Perón, la relación tuvo que ver con Racing Club. La gestión peronista concedió un préstamo de 7.000.000 de pesos de la época a devolver en 60 años para la construcción del estadio que luego llevaría el nombre del presidente que facilitó la financiación.

 

El desarrollo y apogeo de los clubes duraría hasta la década del '70. Con el hundimiento de la clase media, muchos clubes empezarían a ver desmoronar su principal cimiento.

 

El neoliberalismo, la posmodernidad y la crisis

 

La década del '70 inauguró una nueva era en la historia de la humanidad. Antes de analizarla desde la experiencia de la cultura, conviene tener en cuenta algunos acontecimientos que se dieron a escala nacional e internacional.

 

En el plano mundial, la época estuvo marcada por la instauración del modelo neoliberal. Grandes potencias como Inglaterra adoptaron este sistema que tenía dentro de sus objetivos el achicamiento de las funciones del estado, la apertura de los mercados y dejaba en manos del circuito financiero lo que antaño pertenecía a las esferas de la producción. En Latinoamérica, las dictaduras militares que gobernaron también tomaron el esquema neoliberal. Las consecuencias fueron catastróficas para las economías nacionales y repercutieron duramente a escala social: crecieron los índices de desocupación, se devaluaron las monedas nacionales, la inflación fue imparable y la desigualdad social se acrecentó como nunca antes. La movilidad social se redujo y las clases medias se desbarrancaron.

 

La apertura económica acrecentó el poder de las grandes empresas multinacionales, que cambiaron radicalmente su modus operandi. Cerraron sus fábricas en los países centrales y comenzaron a tercerizar la producción contratando pequeñas empresas en países subdesarrollados donde la mano de obra y los costos le resultaron sumamente beneficiosos, las leyes ampararon los bajos salarios y los horarios laborales se permitían desmedidos. Sus productos y servicios se expandieron por todo el planeta, dando lugar a un mercado globalizado y sin fronteras comerciales. La empresa reemplazó a la figura de la fábrica. Lejos de haber unión entre los trabajadores, las empresas fomentaron sanas competencias entre compañeros atomizando a los empleados a través de los departamentos de Recursos Humanos.

 

El avance en materia de telecomunicaciones fue quizás uno de los hechos más significativos de este período. A través del desarrollo de diferentes tecnologías, los medios aumentaron su llegada en todo el planeta. La televisión, la telefonía y, más reciente, Internet, modificaron los hábitos de los individuos.

 

Como en el período anterior, un nuevo tipo de hombre iba a ser requerido, y eso puede analizarse desde el punto de vista filosófico. Así como con los cambios en la formación del capital y las modalidades de producción demandaron la creación de un nuevo sistema de disciplinamiento, una sucesión de acontecimientos desde la primera mitad del siglo XX acentuaron la crisis del modelo disciplinario y forzaron a otro cambio en lo que respecta a la experiencia de la cultura. Para Fernando Sánchez (2006:9), las dos Guerras Mundiales, el holocausto, los cambios geopolíticos (descolonización, ascenso de Estados Unidos, guerra fría), los económicos (aparición de transnacionales y surgimiento del capitalismo post industrial) y el cuestionamiento del conceptos discursivos y académicos, formaron parte del conjunto de factores que determinó la caída de la sociedad disciplinaria

 

Las instituciones que fueron determinantes en la anterior experiencia de la cultura se sumergen en una profunda crisis que termina por dejarlas obsoletas y sujetas a las diferentes medidas que desde el estado se ejecuten para “gestionar su agonía y mantener ocupada a la gente” (Deleuze 1995:278).

 

En esta etapa, las formas de disciplinamiento de los individuos pasan a ser más sutiles. Las nuevas relaciones de poder se gestan a través de otras instituciones (opinión pública, percepción colectiva e inteligencia colectiva) que se caracterizan por la acción a distancia. Esta relación es reflejada por Lazzaratto (2006:93) quien la justifica en “el poder de los cerebros de afectar y ser afectados, mediatizada y enriquecida por la tecnología”. Las formas de encierro se transforman, los individuos pasan a ser seres dividuales vigilados a través de sus gustos, hábitos y comportamientos relacionados con el consumo.

 

El endeudamiento financiero y las prácticas consumistas reemplazan a los anteriores encierros y se crean situaciones de inclusión y exclusión (es un lento genocidio que retira del sistema a quienes no tienen capacidad de consumir) dependiendo del dinero con el que se disponga.

 

Las reparticiones de marketing juegan un papel protagónico en este nuevo orden. Se encargan del acopio de la información referida al consumo de los productos de la empresa y delinean estrategias comunicativas para instalarse de la mejor manera en el mercado.

 

Todos los factores expuestos definen a la modulación que se hace de los individuos en la nueva sociedad. Se crean nuevas subjetividades de una manera más flexible que en la fase anterior pero no por eso que dejen de ser funcionales al sistema. De esta manera y para que la máquina económica funcione, “no se puede creer en otra cosa que no sean las modas impuestas por la invisible y omnipresente policía de la opinión de la publicidad y los medios de comunicación” (Paponi 2005:17).

 

La manifestación posmoderna en el esquema de los clubes argentinos

 

Las nuevas características de la posmodernidad repercutieron profundamente en el formato tradicional de las instituciones socio-deportivas argentinas. Las modificaciones en la subjetividad de los hombres, transforma a la sociedad y es ella quien transforma sus instituciones. Son muchos los elementos que intervienen en la crisis de los clubes y los ámbitos en los que se manifiestan.

 

A simple vista, la primera expresión de esta crisis es la económica, cuestión que se manifiesta en todos los ámbitos de la institución. Esto se relaciona directamente con la pérdida de la masa societaria, que en encuentra sus principales causas en la destructiva década que sufrió la clase media durante los '90, la mala conducción dirigencial y la resignificación del deporte. Para Luis Porcelli (citado por Lupo 2004:68) “la grave situación financiera por la que atraviesan hoy las asociaciones civiles no tiene por causa determinantes los aspectos mercantiles ni las malas administraciones (aun cuando pudieren influir negativamente), sino que responde a cuestiones más complejas y profundas como la pauperización creciente de nuestra sociedad, la impotencia estatal para atender la cuestión, y en particular, la ausencia de un tratamiento específico” . En esta afirmación –algo ambigua ya que la pauperización social promueve entre otras cosas las malas administraciones a criterio personal- aparece la influencia estatal. Se refiere a una impotencia que no hace más que reflejar lo citado anteriormente por Deleuze: la gestión de la agonía. Un claro ejemplo de esta situación se dio hace algunos años en la provincia de Neuquén. A través de la cartera de deportes, el Estado emprendió una campaña llamada Club Social y Deportivo en la que se buscaba la promoción de las instituciones a través de un subsidio de $ 5.000 mensuales. El plan careció de políticas estratégicas y se limitó a lo financiero, algo recurrente en la política deportiva neuquina . Pese a ello, en palabras oficiales se reconocía la importancia de los otros elementos que en la actualidad están en crisis: “El programa Club Social y Deportivo tiene como objetivo principal aumentar la participación y el protagonismo de los actores e instituciones deportivas, para recuperar el perfil social y deportivo de los clubes, a través del fortalecimiento y desarrollo institucional”.

 

Esta realidad invade a todo el país. Las carencias económicas las padecen incluso los clubes que tienen su sede en los núcleos urbanos más grandes de Argentina. En Capital Federal, donde a principios de siglo XX estas instituciones rondaban en las 600, hoy sólo queda la mitad y sobreviven en parte a la dependencia estatal. Según un reportaje realizado por el diario Clarín sobre los clubes de barrio capitalinos “En 2007 algunos clubes recibieron un subsidio ($ 950.000) Este año la Subsecretaría cuenta con $ 580.000 para repartir entre los que están habilitados.” A la crisis económica en Buenos Aires se suma un factor extra: para estar habilitados se necesita una infraestructura de seguridad similar a la de un local bailabe, requisito sine qua non luego del desastre de Cromañón . Con ese motivo se han clausurado varias instituciones pequeñas ubicadas en los barrios.

 

En el medio de la crisis aparece otro problema que atañe a dos esferas de la vida institucional de los clubes: el debate sobre la transformación en sociedades anónimas. Aquí se combinan los factores económicos y los que tienen que ver con lo social. La discusión se da sobre todo en instituciones que tienen entre sus actividades algún deporte profesional. La transformación en sociedad anónima permitiría a los clubes actuar como verdaderas empresas. Sin embargo, es en ese sentido en el que se manifiestan los partidarios de las asociaciones civiles, sin fin de lucro, para salvaguardar la identidad del club.

 

Otro de los problemas relevantes tiene que ver con el capital social . Aquí se ponen en juego muchos de los valores que hacen a la cultura cívica y democrática. Pensando en los grandes clubes nacionales, Héctor Palomino hace una clara referencia a que estas instituciones han sacado al espíritu asociativo del centro de los objetivos, sobre todo presionados por la nueva coyuntura del deporte – espectáculo. “Es probable que no todos los clubes cumplan con esta premisa, ya que como sabemos, en muchos de ellos la vida asociativa terminó siendo aplastada por los problemas de gestión del fútbol profesional” , asevera el profesor de la Universidad de Buenos Aires (Palomino 1999:3). Que la gestión del fútbol profesional sea una de las problemáticas para muchos clubes argentinos, tiene que ver con una multiplicidad de factores que dada a la brevedad del esté escrito podemos resumir en dos: la tradición del deporte en nuestro país (con todo lo que ella implica) y el futbolcentrismo de los medios, que cotidianamente invaden sus centímetros y minutos con temas relacionados a esta disciplina.

 

Sobre ese último punto aparece uno de los elementos que favorece a la tendencia crítica de los clubes: la espectacularización mediática. Además de transformar las nociones de tiempo y espacio –como bien analizan Patricia Terrero y Héctor Schmucler- la mediatización del deporte provoca la construcción de identidades a distancia y la atomización de la sociedad. Explicado desde los hechos, estas dos reacciones tienen que ver por ejemplo, con la simpatía por clubes de otra parte del país o el mundo (incluso con la posibilidad de asociarse a instituciones de otras ciudades) y con la prioridad que tienen los nuevos entretenimientos info-tecnológicos por sobre las actividades sociales en la actualidad. Pablo Alabarces aporta a esta idea cuando comenta que “El deporte es hoy la principal mercancía masmediática, el género de mayor facturación de la industria cultural, el espectáculo de mayor audiencia de la historia de la televisión galáctica” (1998:4).

 

Conclusión: entender los contextos para analizar la crisis

 

Este trabajo intentó registrar algunos –de los tantos y tan complejos- elementos que sirven para comprender el porqué de la crisis de los clubes en Argentina. Saber cómo fue el inicio de la vida de estas instituciones, qué factores influyeron en esos tiempos pioneros y la trascendencia que tuvieron en la vida social, delinea un panorama sencillo para posteriormente entender cuáles son las carencias actuales que padecen los clubes.

 

La influencia de los medios de comunicación en esta situación es clave. Es que a través de sus diversas expresiones, los mensajes mediáticos apuntan a la construcción de los seres de ésta era. No es casualidad que el número de gimnasios dedicados al cuidado de la imagen estética crezca año a año mientras que la cifra de clubes se reduzca drásticamente como se vio que sucede en Buenos Aires.

 

La crítica coyuntura económica argentina es otro de los factores que precariza la vida de las instituciones socio deportivas. Así proliferan centros comunitarios que alimentan a niños y jóvenes y ofrecen alguna actividad deportiva, reemplazando la figura de lo que antaño eran los clubes. La carencia de planificación en la gestión aparece como uno de los principales rivales a vencer. Sin embargo, las continuas necesidades económicas cambian el rumbo continuamente hacia las prioridades más urgentes.

 

Todas las condiciones que se desarrollaron anteriormente comprometen la vida de los clubes en su tradicional formato para el futuro. Hoy, sabemos que se encuentran en peligro de extinción y vimos como ineficientemente los gobiernos gestionan su agonía. Ese proceso paulatino de derrumbe, se demostró que no sólo tiene que ver con el espacio deportivo, sino que dentro de las sedes sociales se ponen en juego una multiplicidad de variables que definen a los clubes como complejos centros de producción simbólica y de relaciones sociales. Como bien cita Victor Lupo (2004:68) “… la pérdida de un club no lo sería solo para la entidad disuelta sino para toda la sociedad argentina, que lo considera incorporado como un auténtico bien colectivo que integra el denominado patrimonio nacional identificatorio de toda la Nación …”

 


Bibliografía y fuentes consultadas:

 

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- Paponi, M. Susana; “Utilidad, docilidad, adiestramiento. La mirada sobre los cuerpos”, en Pensar el presente. Buenos Aires, Biblos, 2006.

- Sánchez, Fernando; “Procesos de subjetivación en la sociedad disciplinaria”, en Antropología filosófica, cuaderno de cátedra numero II. General Roca, Publifadecs, 2006.

- Schmucler H. y Terrero P. Nuevas tecnologías y transformaciones del espacio urbano, Telos 32, Fundesco, Madrid, 1993.

Director de cine argentino. Nació en Buenos Aires el 19 de julio de 1959. Entre sus películas más reconocidas se encuentran El hijo de la novia (1999) y Luna de Avellaneda (2004). También trabajó en series televisivas para el exterior, entre las que se destaca La ley y el orden en Estados Unidos.

La Batalla de Pavón (17 de septiembre de 1861) fue una clave de la guerra civil que dividió la Argentina durante el siglo XIX. Significó el fin de la Confederación Argentina y la incorporación de la provincia de Buenos Aires en calidad de miembro del país.

Se considera al Sheffield Football Club como la primera institución no colegial en el Mundo dedicada a la práctica deportiva (fútbol). Su fecha de fundación data de 1857. (Lupo 2004:66).

El Buenos Aires English High School fue el primer colegio que se distinguió en la práctica futbolística. Era dirigido por Alexander Watson Hutton, quien tomó las riendas de la primera Asociación Argentina de Fútbol. Los ex alumnos de esta institución fundaron luego el multi campeón Club Alumni.

“Muchos de los trabajadores de la empresa tenían intenciones de jugar al fútbol. Era una moda, las otras grandes tiendas ya tenían equipos participando en distintas ligas. Quien llegó más lejos fue el cuadro que formaron los empleados de la empresa Gath y Chaves, quienes participaron en los torneos de la Asociación Argentina como Nacional…”, comenta Alejandro Fabbri sobre los empleados de la tienda “A la ciudad de Londres” a la postre, fundadores del Club Atlético Independiente de Avellaneda (Fabbri, 2007:94).

Según Victor Lupo (2004:67) “un joven quilmeño quiso ingresar al equipo del Quilmes Athletic Club, pero como no era británico, fue rechazado por el club. Entonces se juntó con otro grupo de criollos y se fundó Argentino de Quilmes, el primer club compuesto sólo por argentinos”.

Así se apoda al Club Argentino de Quilmes (N.d.A).

El fútbol se profesionalizó en Argentina en 1931, luego de un largo debate y años de lo que se llamó “amateurismo marrón”.

Agustín Justo (1876 – 1943) gobernó el país entre el 20 de febrero de 1932 – 20 de febrero de 1938. Durante su presidencia comenzó a construirse el estado de bienestar en el país.

Juan Domingo Perón (1895 – 1974) fue tres veces presidente de Argentina (1946 – 1952; 1952 – 1955 –depuesto- y 1973 – 1974). Su primer período al frente del ejecutivo estuvo marcado por la consolidación del estado de bienestar y por la redistribución del ingreso estatal. Durante su gobierno el deporte se convirtió en política de Estado: se impulsó el deportes desde las bases, se ayudó a deportistas y se organizaron dos eventos internacionales de gran relevancia (los primeros Juegos Deportivos Panamericanos en 1951 y el Mundial de Básquetbol de 1950).

Fuente consultada en el sitio oficial de la ex Secretaría de Estado de Juventud y Deportes el 10/08/2008:
http://www.neuquen.gov.ar/org/juventud_y_deportes/noticia_ampliada.asp?tipo=1&ac=169

Para profundizar este concepto puede consultarse la investigación “Bécame, bécame mucho” en http://www.despeinados.com/14/09/2007/became-became-mucho/ sobre el programa de becas para deportistas de alto rendimiento del gobierno neuquino.

Diario Clarín, 15 de junio de 2008.

Se conoce así al terrible accidente que tuvo lugar en República Cromañón en la ciudad de Buenos Aires donde murieron 175 personas durante un recital.

Término creado por el autor norteamericano John Putnam, que en 1995 escribió el libro “Bowling Alone” (“Jugar bowling solo”). En el texto toca temas referidos a la pérdida de valores sociales en Estados Unidos. Su punto de partida es la desintegración de las asociaciones dedicadas al bowling, que fueron reemplazadas por la práctica individual del deporte.