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TEÓRICOS

17 de octubre de 1945: 57 años después
Por Juan Carlos Bergonzi (*)

La marcha obrera sobre la Plaza de Mayo, ese caluroso decimoséptimo día de octubre, hace cincuenta y siete años, dejó atrás la marca de una sociedad conservadora y tradicional en sus manifestaciones públicas. El país no volvería a ser el mismo luego de esa jornada gloriosa para unos y fatídica para muchos. Se inauguró un nuevo estilo de comunicar la política en el marco de una naciente cultura de participación popular.

Los antecedentes se registran en la administración de Yrigoyen cuando el presidente radical dio paso a lo que finalmente fue la democracia de masas. Democracia interrumpida, conculcada y recuperada. En un ciclo pendular de gobiernos de fuerza con alternancia de frágiles gestiones surgidas de efímeros consensos políticos.

En 1945 la comunicación social sufrió cambios a partir del modelo experimental del sospechado líder, finalmente presidente constitucional a partir de febrero del año siguiente; se asistió a la inauguración de estilos y formas de intercambios de mensajes inéditos en la urdimbre social de la Argentina de posguerra, enmarcada por la crisis europea y el nacimiento de nuevas naciones imperiales.
El conjunto del espectro de los medios de comunicación impresos, desde los grandes diarios tradicionales hasta los progresistas de ideas socialistas no dejaron resquicios en favor del incipiente liderazgo del ex secretario de Trabajo y Previsión Social del gobierno de facto del presidente Farrell. Sólo periódicos de escasa circulación como "La Epoca", "El Laborista" y alguno más, sin presencia determinante, hablaron desde sus páginas en favor del detenido en la isla de Martín García luego trasladado al Hospital Militar.

Los matutinos "La Nación", "El Mundo", "La Prensa" y los diarios vespertinos "La Razón", "Noticias Gráficas" y "Crítica" no fueron complacientes con el hombre más invocado en esos días.

Antes del arresto de quien fue presidente hasta su derrocamiento en setiembre de 1955, la radio le facilitó una abundante acción comunicativa. Este medio, que sólo contaba con poco más de veinte años de antigüedad, le sirvió al gobierno militar y al elocuente coronel en particular para difundir sus proyectos, acciones y medidas en favor de los postergados y excluidos que sumaban cientos de miles, consecuencia de la "Década Infame" como la calificó el historiador José Luis Torres.

En el caso argentino la red de radiodifusión comprendía unas cuarenta y cinco emisoras privadas, además de la afianzada LRA con estudios principales en la Capital Federal y controlada por el gobierno. Las estaciones radiofónicas privadas estaban sujetas a conexiones obligatorias e intempestivas a la red nacional. De alguna manera el oficialismo y especialmente el ascendiente secretario de Trabajo utilizaron el medio radio en contraposición al periodismo gráfico.

Los diarios extranjeros no fueron previsores con el fenómeno en gestación. Corresponsales extranjeros, principalmente de Inglaterra y EE. UU., enviaron sus despachos con visibles muestras de preocupación por el personalismo emergente y el clima de movilización impregnada de extraños componentes.

17 de octubre

La marcha sobre la histórica plaza se inició el día anterior en el contexto de una huelga general. Las miradas sobre las columnas humanas dirigiéndose al espacio físico, donde se enclavaba el corazón del poder formal, fueron disímiles, contrapuestas, confusas, peyorativas. Observaciones que importaron en alianzas y estrategias de comunicación en la posterior campaña para la elección presidencial de 1946.

La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), integrada por críticos de la conducción de la Unión Cívica Radical, tuvo una particular interpretación y señaló su disidencia con el Comité Nacional del radicalismo por "aliarse con la oligarquía".

El periódico "Orientación" del Partido Comunista se desvinculó de la movilización cuando describió: "Buenos Aires ha sido invadida por hordas bárbaras que al amparo policial han cometido toda clase de desmanes y atropellos... Ocupe cada uno su puesto contra la dictadura.... Son hordas de desclasados haciendo vanguardia del presunto orden peronista...".

Raúl Scalabrini Ortiz, de las filas de FORJA y autor de "El Hombre que está solo y espera", ofreció una narración distinta. Fue entusiasta y sustentada en soportes culturales de una Argentina abierta a la diversidad: "El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente, enormes columnas de obreros comenzaron a llegar... llegaban cantando y vociferando, unidos en una sola fe. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación pueda concebir. Los rostros de sus orígenes se traducían en sus fisonomías. Descendientes de meridionales europeos iban junto al rubio de rasgos nórdicos y al trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún...".

"The New York Time" y el "London Time", al igual que los representantes de la Embajada de Estados Unidos, atribuyeron lo que ocurría a la manipulación del sentimiento popular por "bandas desesperadas de maleantes, tolerancia de la policía o directamente intimidación". No obstante, el corresponsal del diario editado en Londres encontraba un componente "de fuerte personalismo propio de la política argentina... La multitud no se preocupaba por ideologías o doctrinas o propaganda, sino que sentían una emoción casi religiosa por el líder...".

La llegada de la clase obrera a la escena política -por entonces la CGT contaba con alrededor de 300.000 afiliados- inició un inesperado modelo comunicativo: su interactividad con un líder. Las concentraciones y el diálogo en el espacio histórico dieron lugar a una simbología e iconografía que modificaron estilos en las fuerzas partidarias del país por los siguientes cincuenta años.

En la noche del 17 de octubre, liberado el ex secretario de Trabajo y Previsión, el balcón de la Casa Rosada fue aprobado por la muchedumbre: en adelante se convirtió en el principal sitial para la emisión y recepción comunicativa que se mantuvo a lo largo de una década.

El Himno Nacional prologó el primero de los discursos del jefe de un nuevo movimiento político. Los brazos levantados, las respuestas a los reclamos de la multitud fueron códigos de anticipación. Se había descubierto que una gran parte de la sociedad humana también tenía identidad y deseaba expresarse y protagonizar nuevas formas en las relaciones con el poder. El "establishment" -como escribió Alain Rouquié en "Poder militar y sociedad política en la Argentina"- ya no sería el asiento de todos los poderes. Un debilitamiento que había comenzado a finales de los treinta.

Las estrategias comunicacionales quebraron los modelos clásicos después del 17 y en la campaña electoral de 1946. Los diarios y la radio como medios predominantes compitieron cada uno desde su especificidad: la fuerza de la palabra impresa y el discurso sonoro se nutrieron de diferenciadas dinámicas de representación de las corrientes en pugna. Sin televisión ni pulidos creativos publicitarios, cada sector avanzó con su mensaje, imaginación persuasiva de acuerdo con la percepción política y cultural de los acontecimientos que conmovían al país.

El clima existente llevó a rudos desencuentros que impidieron alcanzar un razonable equilibrio en la confrontación partidaria. La práctica del desprestigio o la estigmatización operó negativamente para una de las fuerzas. La cooperación activa del embajador estadounidense Spruille Braden y la publicación del "Libro Azul" destinado a demostrar la complicidad del nuevo movimiento con potencias del Eje proporcionó, a gran parte de los votantes, elementos para una reflexión que apelaba al cariño por la patria, la soberanía nacional, el orgullo de ser argentino.

La comunicación final fue decisiva: no elegir al líder en los comicios de febrero significaba servir a los "lacayos" que se abrazaron con el inquieto embajador norteamericano. Un eslogan, surgido del calor de la contienda mediática y de las alborotadas calles, llevó a los electores a una contundente disyuntiva: "Braden o Perón".

Los resultados electorales son conocidos y gravitaron en un país que no volvería a ser el mismo desde aquellas jornadas de octubre de 1945. El histórico lugar a mediados del siglo XX se vio invadido por muchos hombres y mujeres que, por primera vez, caminaban por el centro de la ciudad portuaria, vedada para hacerlo sin vestimenta apropiada conforme a las normas urbanas de la época.Habían sido atraídos por propuestas que tocaban de cerca sus preocupaciones.

La sociedad porteña de los cuarenta registró con sorpresa a los obreros y obreras mojando sus pies en las fuentes de agua de la emblemática plaza. Esa imagen es una postal del pasado que golpea en este presente atravesado por la incertidumbre y la desesperanza casi sesenta años después.

*Periodista. Profesor e investigador en Comunicación Social. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Nacional del Comahue.
Artículo de opinión publicado en el diario Río Negro el día 17 de octubre de 2002 "17 de octubre de 1945: 57 años después"
http://www.rionegro.com.ar/arch200210/o17j01.html

Prohibida la reproducción total o parcial de este trabajo. Si quiere citarlo o establecer un enlace:
Juan Carlos Bergonzi. "17 de octubre de 1945: 57 años después". Red-accion, sitio web del Area Periodismo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.
General Roca: Universidad Nacional del Comahue. Disponible en:
http://red-accion.uncoma.edu.ar/asignaturas/1945.htm